Sabía que os iba a costar. A mí me cuesta horrores escribir un documento sin emplear un “no” o cualquier otro adverbio de negación (“nunca, tampoco, jamás…”), o las conjunciones adversativas (“pero, sin embargo…”). Evitarlas es clave para emplear un lenguaje positivo. Quise demostraros eso mientras escribíais la carta de despido a un entrenador.
Vamos a a repetir la actividad ya que fue muy divertida. Sois todo extremos. Hay cartas delicadísimas, incluso impropias de la mayoría de los adultos que conozco. Otros habéis entendido muy poco y necesitáis mucho ejercicio.
Como otras veces, me fijo en los ejemplos positivos. En la formación de las personas, la influencia de la familia es, como mínimo, el 80%. La mejor carta trasluce lo que se encuentra en muchas de las familias preocupadas por la formación de sus hijos: afán por evitar lo que puede herir a otro, ponerse en el lugar de los demás, etc. ¡Sí! Hablo del siglo XXI y existe. ¿Que son marcianos? ¿Lo dices en serio? Pues me encantaría ser invadido.
Lo dicho: repetiremos este ejercicio. Aprenderemos mucho todos: monitores, padres y jóvenes.
Publicado por Pablo Vázquez en 26 noviembre 2009 at 19:00
¡Que razón tienes, Julio! La aportación de la familia es definitiva y definitoria.
Definitiva porque, como bien dices, la formación que recibimos en el seno de nuestras familias representa el 80% de lo que somos y de lo que podremos llegar a ser. Y eso, tratándose de personas y no de variables macroeconómicas, es mucho. Sí, he dicho lo que he dicho porque ¡las personas importan más que el PIB, el IPC y cualquier cosa que pueda reducirse a siglas! Tanta crisis y todavía hay quien no se ha enterado…
Y es definitoria porque son los padres quienes nos “definen”, quienes nos hacen, poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, como una de esas sopas que tanto se agradecen ahora que llega el invierno. Así que no es baladí eso de ser padre o madre. Y no digamos si encima te acusan de marciano a pesar de no lucir el color verde propio de un extraterrestre y de no tener antenas. Ah, y a pesar de conducir, no un OVNI, sino un utilitario -con lo bien que vendría un platillo volante para moverse entre los atascos…
Dicho eso, y después de sonreír un poco, sólo quiero añadir que las cartas de los chavales revelan mucho: algunos las bordan, a otros les queda un trecho… Pero lo importante es que, con independencia de lo que hayan escrito, todos saben -y ahora más si cabe- lo importante que es decir las cosas con decisión pero con delicadeza, poniéndose siempre en el lugar de los demás y procurando no herir a nadie.
Esto no se enseña probablemente en los Masters al uso, ni en la Facultades, salvando alguna que otra excepción, que de todo hay. Y, sin embargo, es una lección sumamente importante.
Desde aquí, mi aplauso y mi ánimo. Esos chicos que despidan al entrenador, si es lo que procede, pero que lo hagan con mejores modos que los mandatarios del mundo real. Y vosotros, ya sabéis, a seguir formando líderes, pero de los que honran el término, de esos que, lejos de ser borregos, saben a dónde se dirigen y por qué.
Hasta pronto.
Publicado por Despedir a tu entrenador vs influencia de la familia « SOCIEDAD NARCISISTA – higiene mental en 29 noviembre 2009 at 22:08
[...] El otro día pedí a mis jóvenes amigos que escribieran una carta de despido a su entrenador. Debían emplear lenguaje positivo. La tarea resultó más compleja de lo que parece. Sobre todo a menores de 15 años. [...]